La sucesión
de Tautina, El espejo opalino
Hoy he visto que tienes una nueva musa, otra criatura inspiradora que fácilmente ocupa el alto lugar que me otorgaste un día, digna sucesora de mi trono de aire y humo. Lo he visto y he sentido el escozor quemando mis entrañas.
No consigo acostumbrarme, ¿sabes? Mil veces me sucediera aquello de creer en las palabras vanas de un hombre y mil veces, al final, escuece igual, pues aunque la vida me ha enseñado de mentiras aprovechadas, de falsos halagos, de lo hueco del corazón del amante, mi autoestima se resiste a confirmarme que siempre fueron discursos interesados, destinados a acariciarme el corazón mientras sus manos acariciaban mis muslos.
Qué simples y estúpidos son esos que se llaman hombres. Pues una mujer compartimenta su amor a lo largo de su vida, y en cada estante reposa un trozo de pasión pleno, a veces corto, a veces poco intenso, pero siempre importante. Y jamás superpusiera un amor a otro, ni utilizara iguales recursos con dos sueños diferentes. Pero aquellos fútiles que se llaman hombres, tienen un cauce único en su vida, un sólo hacer, un repertorio, que repiten pausados a cada acariciante cuerpo al que se arriman.
Por eso, hoy, cuando vi mis frases -y digo mías porque un día me las regalaste, no porque me sienta ya dueña de nada- acariciando a otra diosa inspiradora, sentí la quemazón que precede al impotente llanto.
Implica mi renuncia mi castigo, y por bueno acepto el que me infliges, pero recuerda, hombre, el perdón que mendigaste, ese que un día, casi te concedo. Desde ya te digo, que no habrá contigo perdón que se malgaste.
Porque ahora que otra ocupa mi lugar, y con esto termino mi diatriba, ahora que al fin quedo libre del remordimiento que me causó dejarte, ahora escuece, quema, abrasa, mi herida en carne viva.
Julio 8, 2008 a 5:28 pm
Qué razón tienes, y que hermosas y tristes palabras… pero cuanta verdad… Siempre es así, un adiós duele y escuece, y pica, y siempre, siempre, deja cicatriz, más o menos grande… pero cicatriz, al fin y al cabo…
Me encanta tu blog, felicidades
Julio 8, 2008 a 7:34 pm
Hay en este texto mucha verdad. El dolor, claro, pero, siendo hombre, lo que me parece más terrible en nuestra práctica amorosa (o seductora) es el uso de las mismas palabras, las mismas imágenes que somos capaces de regalar una y otra vez como si fueran únicas. Es algo que me espanta, aunque no estoy a salvo de pecados. Y tengo la impresión (puesto que cada día leo más literatura femenina por esto de los blogs), que las mujeres son en esto diferentes.
Gracias por devolverme la palabra esozor, y su verbo, los tenía perdidos y qué precisos son.
Y a Dostospos, que extraño tus comentarios en tu blog…
Julio 8, 2008 a 7:58 pm
Hola Kiram, gracias por pasarte por aquí. Y estoy de acuerdo contigo: “hermosas y tristes palabras que encierran un gran verdad”
Tajalapiz, a quien tienes que agradecer de recordar la palabra escozor es a Tautina, que es la autora del texto (su enlace está arriba: El espejo opalino)
Un saludo para los dos
Julio 8, 2008 a 8:24 pm
El dolor suele hacer que aflorezcan las verdades más crudas, eso lo sé por experiencia… Pero también sé que no son los hombres los únicos que usan de esas técnicas, ni todos lo hacen… Quiero decir que hay gente, ignorando el género de la misma, que no sabe o no puede o no quiere amar de forma diferente, cambiar las maneras de acercarse al otro, y puedo decir que duele igual darse cuenta de esto, ya seas hombre o mujer.
Quizá para nosotras sea más fácil hablarlo, ya que pocas veces le dice alguien a una mujer que no exprese sus sentimientos, cosa que desgraciadamente si sufren los hombres… Recuerdo la típica frase de “llorar es de mariquitas”, imagínate crecer mientras te hacen creer eso y cosas peores… y así andamos.
Julio 9, 2008 a 6:34 pm
He de confesar que este texto me revolvió la memoria y las entrañas, pero ya es cuento del pasado. Está muy bien escrito, no es aniquilante aunque encierra mucho dolor, eso me gusta, se lee mucha dignidad en ella, orgullo y autoestima, lo cual me parece excelente.
Es cierto que lo hombres, no todos, usan la misma estrategia; un amigo nos enviaba el mismo mensaje de texto a dos amigas (que no sabía que somos muy amigas) como medio de conquista. Otros hacen de sus nuevas novias las vivas imágenes (creación de nuevos gustos, hábitos, lugares…) de la mujer que pudieron considerar el amor de sus vidas. No estoy seguro, sólo hablo desde la perpectiva de mi relación con los hombres que ha sido cercana, no desde el campo afectivo, sino por mi profesión y a veces hablan conmigo como si ese paredón que ponen para hablar asuntos de hombres con una mujer no existiera entre los dos.
PD: No podías acceder a mi blog porque me ausenté todo este tiempo y tenía bloqueada su entrada. Yo también extrañé leerte y aprender de ti con todas estas cosas que publicas. Aquí estoy de nuevo expresándome con mis labios rojos.
Un abrazo.
Julio 9, 2008 a 6:35 pm
Jo… la verdad es que quería desechar de mi mente que la triste realidad fuera ésta, quería asumir la esperanza de que estaba equivocada al pensar eso; pero, ahora, dicho así con tanta contundencia… Aún así me revuelvo y quiero pensar que son casos aislados, que es posible encontrar algo distinto.
Julio 9, 2008 a 8:06 pm
¡Qué bueno el texto! ¡Qué bien lo expresa! Un sentimiento, me temo, familiar, en mayor o menor grado, para un gran número de mujeres. Mujeres ilusas como yo, la mayoría, que tarde o temprano volverán a tropezar con la misma piedra, convenciéndose a sí mismas de que no todos los hombres son iguales.
En fin, ¡qué tontos son los hombres! ¡pero qué tontas somos nosotras también!
PD: Gracias por haberte pasado por el blog, aunque no sé cuál puede ser el error al que te referías ayer; yo veo la página normal y la leo perfectamente. :-S
Julio 10, 2008 a 6:39 am
Bonitas palabras, la verdad opino igual, pone los pelos de punta que las palabras se puedan reutilizar, en otro amor, como si el amor fuera una moneda de cambio. para canjearlo por noches de juego de sabanas.
Un saludo.
Julio 11, 2008 a 4:17 am
Evitando generalizar, reutilizar las palabras me parece un recurso propio de la tendencia al ahorro que tienen algunos hombres. Ahorran palabras y ahorran cariño, probablemente para tiempos de sequía. Hay algo tan perturbador en dilapidar, en gastar sin medida, pudiendo decir más con menos o a más con las mismas, y desde ese punto de vista no volver a usar lo que se ha creado con tanto esfuerzo es tan poco práctico como reventar el caballo en mitad del camino.
Entonces ¿qué piensan?:
¡no le demos más vueltas!…
Y a nosotras, cómo nos gustan las vueltas!
No queremos un hombre, queremos un carrousell
Cariños para Dostospos
Julio 11, 2008 a 8:10 pm
Kiram: yo también pienso que ese comportamiento tan mezquino y poco original no es exclusividad de los hombres, pero, éstos si que nos ganan a nosotras por goleada ¿eh?
No creo que sea todo culpa de la educación que han recibido. Nosotras también hemos tenido que padecer la imposición de ciertos roles y, sin embargo, los hemos ido superando.
Y sí, no debe haber sido fácil por parte de ellos crecer con la discriminante y trillada frase de “llorar es de mariquitas”, pero no es suficiente motivo para que algunos se comporten como Casanovas de pacotilla cuando el resto se comporta como hombres adultos normales ¿no?
Marcela: Estoy contigo, el texto plasma sentimientos muy dolorosos, pero el final trasmite lo que tú dices: dignidad, orgullo y autoestima. Tres valores que, en estos casos, nunca se deben perder.
Gema: Estas cosas suceden, y por cierto frecuentemente, aunque una o uno no sea consciente de ello. Pero no te desanimes, que no todas las personas son iguales.
Mis(s) Enredados: No creo que tropieces en la misma piedra, piensa que todo lo que has aprendido de las malas experiencias con el género humano, en este caso masculino, te servirá en el futuro para calibrar mucho mejor al hombre que tengas delante.
Daniel: bueno, que te voy a decir a ti, tú ya sabes lo que significa el valor de ser sensible.
Niée: pero ¡qué guerrera has venido! ja,ja,ja Mi opinión es que todos, absolutamente todos, con nuestras pasadas, actuales y futuras parejas en la intimidad utilizamos frases similares, y hasta incluso trilladas, pero de esto a que tu pareja se tome como norma habitual repetir esas misma frases “paralelamente” a otra persona en el mismo tono y en análoga situación… ejem, ejem, ejem. No hay excusa que valga, es la esencia de la inmadurez, o el egoísmo.
PD: Tienes razón, nosotras solemos dar más vueltas a las cosas.