Una mezcla explosiva: amor y anfetaminas

Hace apenas 20 años que se planteó el estudio del amor como un proceso bioquímico que se inicia en la corteza cerebral, pasa a las neuronas y de allí al sistema endocrino, dando lugar a respuestas fisiológicas intensas.
El verdadero enamoramiento parece ser que sobreviene cuando se produce en el cerebro la FENILETILAMINA, compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas.
Al inundarse el cerebro de esta sustancia, éste responde mediante la secreción de dopamina (neurotransmisor responsable de los mecanismos de refuerzo del cerebro, es decir, de la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer), norepinefrina y oxitocina (además de estimular las contracciones uterinas para el parto y hacer brotar la leche, parece ser además un mensajero químico del deseo sexual), y comienza el trabajo de los neurotransmisores que dan lugar a los arrebatos sentimentales, en síntesis: se está enamorado. Estos compuestos combinados hacen que los enamorados puedan permanecer horas haciendo el amor y noches enteras conversando, sin sensación alguna de cansancio o sueño.
El affaire de la feniletilamina con el amor se inició con la teoría propuesta por los médicos Donald F. Klein y Michael Lebowitz del Instituto Psiquiátrico de Nueva York, que sugirieron que el cerebro de una persona enamorada contenía grandes cantidades de feniletilamina y que sería la responsable de las sensaciones y modificaciones fisiológicas que experimentamos cuando estamos enamorados.
Sospecharon de su existencia mientras realizaban un estudio con pacientes aquejados “de mal de amor”, una depresión psíquica causada por una desilusión amorosa. Les llamó la atención la compulsiva tendencia de estas personas a devorar grandes cantidades de chocolate, un alimento especialmente rico en feniletilamina por lo que dedujeron que su adicción debía ser una especie de automedicación para combatir el síndrome de abstinencia causado por la falta de esa sustancia. Según su hipótesis el, por ellos llamado, centro de placer del cerebro comienza a producir feniletilamina a gran escala y así es como perdemos la cabeza, vemos el mundo de color de rosa y nos sentimos flotando. Es decir, las anfetaminas naturales te ponen a cien.

Extraído del articulo La química del amor, de Francisco Muñoz

5 comentarios para “Una mezcla explosiva: amor y anfetaminas”

  1. Aunque el chocolate sea muy rico creo que es mejor la feniletilamina natural, ¿no? Los deportistas deberían enamorarse simplemente en lugar de andarse con transfusiones. Esto me recuerda algo que oí hace mucho tiempo a propósito de un director de ballet que aconsejaba a sus bailarines masturbarse antes de entrar en escena, para sentirse más aéreos.

  2. pabloaguilar Dijo:

    Ese tal doctor Donald tiene algo que ver con Mac Donald?

    Y con el pato?

    Saludos.
    Pablo.

  3. O.o Amor quimico, este es el comienzo de la era romantico-cientifica:

    “amor, mis feniletilaminas suben
    como las olas sobre la arena.
    amor, mi cortex cerebral…”

    Juas. Jajajaja. Es curioso el afan de estudiar cientificamente todo que tiene el ser humano

  4. Yo estoy enamorada, muy enamorada. Soy la que va flotando entre nubes de cuenta del amor.

    La feniletilamina se me sale por los poros…

  5. Recuerdo cuando de muy jovencita tomaba anfetaminas para colocarme.
    Y recuerdo que amaba hasta los taburetes del bar. Todo era amor, comprensión y pasión.
    Lo había olvidado…

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